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Una mañana, al despertar,la mujer le dice al marido:
-
Querido, esta noche tuve un sueño increíble: Estábamos haciendo el amor
y, al lado de la cama, estaba un negro abanicándonos y eso me excitaba y
me hacia gozar mucho. Era algo tan sexy, jamás me había sentido
t-tan...tan sexual
Los dos deciden poner en práctica el sueño y salen a la ciudad en busca de tal objeto de su fantasía.
En
un semáforo, encuentran a un hombre negro alto, fornido, con una
musculatura muy bien desarrollada, con las venas saltadas, labios
carnosos, super viril, le ofrecen $1,000 pesos si acepta
abanicarlos mientras ellos tienen relaciones sexuales. El hombre acepta y
los tres van a la casa.
La pareja entonces, arregla la
habitación del amor, colocan velas e incienso, ponen
pétalos de rosas sobre toda la habitación y cuanta cosa erótica y payasa
se les ocurriese para intensificar la experiencia erótico-sexual.
Al
negro le colocan un collar con cadena y brazaletes dorados tipo persas,
una tanga, y le dan un gran abanico, como una hoja de palmera.
Los
dos cónyuges empiezan a hacer el amor mientras el negro abanica como un
perfecto esclavo africano, pero no da ningún resultado.
La mujer entonces le dice al marido:
- Oh, amor, lo siento, no es lo mismo. A lo mejor funciona si invertimos los papeles... si tú abanicas y...y él se viene a la cama
El marido, lo piensa un poco, lo duda, y finalmente acepta.
El
esposo entonces se sale de la cama, se pone las prendas del negro, y el
negro se va a la cama con la esposa, y el marido comienza entonces a
abanicar.
En cuanto el negrote pone su miembro
descomunal dentro de la mujer, ésta comienza a gozar de lo lindo, y
poquito después comienza a gemir y a gritar como loca, los ojos se le
ponen en blanco, tiembla totalmente fuera de control, tiene un intenso y
prolongado orgasmo, y dos y tres, y suelta enormes chorros a presión,
como en esas películas de squiriting, llora, se revuelca y...bueno,
como si fuese una posesión demoníaca. La mujer extasiada y exhausta,
pide que pare, y el negro para, se levanta y se pone sus ropas.
El marido también para de abanicar, se pone una mano sobre la cintura, mira al negro y le dice altanera y despectivamente:
- ¿Ya ves cómo se debe abanicar? ¡Negro estúpido!
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