^^ Risoterapia y absurdeces para la diaria liberación de endorfinas. Buen provecho ^^

Mostrando entradas con la etiqueta chistes de loros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta chistes de loros. Mostrar todas las entradas

Un océano de ron


Un pirata y su cotorro se encontraban a la deriva en un bote salvavidas luego de un dramático escape de una batalla épica. Mientras hurgaba en las provisiones del barco, se encontró una vieja lámpara. Se le vino a la mente la fantasiosa idea de las lámparas mágicas que al frotarlas liberan a un genio que concede 3 deseos. En secreto fantaséo con ésta idea y la frotó, esperando que apareciera dicho ente. Para su sorpresa, un genio salió efectivamente de ella, éste se estiro, tronó sus huesos y le dijo que sólo le concedería un deseo y nada más, en lugar de los 3 estándar. Al pirata no le importó y dijo:

- Deseo que todo el agua del océano se convierta en ron.

El genio tronó fuertemente sus dedos, exclamó "¡concedido!" y de inmediato, todo el océano se transformó en el más fino ron jamás probado por el hombre. Luego de esto, el genio se desvaneció en el aire. Unos minutos después, la calma del momento fue interrumpida por las olas de ron que salpicaban el casco del barco. Y el pirata y el cotorro comenzaban ya a imaginar el como pasarían los días venideros. El cotorro lo miraba enojado, con evidente disgusto, y luego de unos momentos de incómoda tensión el cotorro exclamó con un marcado tono sarcástico:

- ¡Oh, sí, sí, genial! ¡Maravilloso! ¡maravilloso! ¡Ahora vamos a tener que mear dentro del bote!
.

El loro de smoking

Había un loro que estaba en el aparador de una tienda. Y siempre que pasaba la vecina, el loro, descarado y relajiento, siempre le gritaba de cosas:

- ¡Putaaaa! ¡Puta ladillentaaaa! ¡Lávate mugrosaaa! ¡Puta barataaaa! ¡Puta barataaaa! ¡Croooooooaawwk! ¡Wrraaaaaaaaahh!

El condenado lorito le gritaba obscenidades a la señora, y cuantos más clientes hubiese en la tienda, más guarradas subidas de tono le gritaba y todos volteaban a ver al blanco de los insultos, y se reían, algunos hasta a carcajadas.

- ¡Waaaaa, ahí va la Putaaaaaa - putaaaaaa, wreeaaaaaaah!

Entonces, dicha vecina, no aguantó más los insultos y se dirigió furibunda a reclamarle al dueño de la tienda y del perico. Le dijo que ya estaba harta y que si no hacía algo, iba a a hablar con la policía.
El dueño le prometió represalias y que el perico no se quedaría sin castigo. La señora se fue y el dueño fue con el plumífero, y con pesar tomo un bote de pintura negro y una brocha y le dijo:

- Mira lorito, discúlpame, esto es por tu bien, creéme que me duele esto más que a ti - y acto seguido, pintó al animal.

Al día siguiente, el loro estaba ahí en el mostrador como de costumbre y la vecina pasó por la tienda. La señora ya iba preparada para oír las majaderías del pájaro, cuando se percata que no hay ruido alguno. Se regresa a ver, y entonces, al ver que ahí estaba el loro, completamente pintado de negro, se acerca y sonriente le dice:

- A ver, a ver, ¿no que muy cabroncito? dime algo ahora, ¡a ver, dime algo lorito!, ¿Qué te pasa? ¿No tienes algo que decirme? ¿eh? ¡¿eh?! ¿Te comió la lengua el ratón? ¿eh? Anda, dime algo ahora...

Entonces el loro, sin voltear a ver a la señora y con la frente muy en alto, dice solemnemente:

- Lo siento, cuando ando de smoking no hablo con putas...
.

El Loro Judío


Una tarde, Jacob, un solitario viudo judío, caminaba rumbo a su casa por las calles neoyorkinas, y al pasar por una tienda de mascotas escuchó una graciosa voz que le gritaba:

- ¡Roawrk!? ¿Vus majste? Yo, du (¿Cómo te va? Si, tú, en Yidish)

El viejo se frotó los ojos, miró asombrado dentro del negocio y el empleado le dijo:

- Venga, entre, mire. ¡Mire qué hermoso loro!

El lorito gira la cabeza y le pregunta:

-¿Kenst redn Idish? (¿Sabes hablar Yiddish?)

El judío pagó los 500 dólares que le pidieron y se llevó el pájaro, la jaula y comida de loro para un mes.
Toda esa noche se la pasaron hablando ¡En Yidish!
El hombre estaba maravillado. Le contó al loro las aventuras de su padre para escapar de los "progroms" (persecuciones) en Rusia y su llegada a America.
Le contó cuan hermosa habia sido su difunta esposa y que radiante estaba cuando se casaron.
Le contó de su familia, de los años en el ramo textil, y de las vacaciones que solían tomar.
El loro escuchaba atentamente, hacía algún comentario ocasional y compartieron unas nueces. El pájaro, entonces, habló de su vida en la tienda de mascotas, de la soledad y el aburrimiento de los fines de semana, de cómo extrañaba su selva ancestral.
Así siguieron charlando y charlando, en idish, por supuesto, hasta quedarse los dos dormidos.
A la mañana siguiente, el judío se colocó los "tefilin" (indumentaria religiosa) y rezó.
El loro le preguntó qué hacía, quiso aprender, y el viejo salió a la calle y volvió con "tefilin" en miniatura para el loro, que muy rápidamente aprendió a orar en hebreo.

En Rosh Hashana (año nuevo), el loro pidió ir al templo, pero el anciano le explicó que no era ni un lugar ni una actividad para pájaros. Pero el loro insistió e insistió de manera implorante. Jacob le dijo que no podía. Pero el loro insistió y Jacob terminó por cerder finalmente a los ruegos del animal, se lo puso al hombro y se lo llevó.
Tuvo que darle toda clase de explicaciones al rabino, y también al Jazan (Cantor).
Finalmente los convenció, asegurando que el loro sabía rezar.

Todos los asistentes apostaron que lo que Jacob contaba del loro era imposible, porque era una locura aceptar que un pajarraco pudiera orar.
Eran apuestas reales, en contante y sonante.
El viejo viudo, sonriendo imperceptiblemente, aceptó todas las apuestas en su contra, ¡incluso una del propio rabino!
El pájaro dejó transcurrir cada plegaria y cada canción sin emitir un solo sonido. El viejo Jacob se enfureció y le murmuró muchas veces al oído:

- ¡Vamos, reza, reza! ¡Que reces!

Pero el loro, nada. Se quedaba en silencio y el viejo Jacob le insistía rechinando los dientes:

- ¡Vamos, loro cretino, reza! ¡Yo sé que sabes hacerlo! ¡Anda maldito pajarraco, hazlo! ¡Todos te están mirando!

Pero el loro nada de nada. Solamente se limitó a dar un largo y profundo bostezo. Pero de ahí en fuera nada.

- ¡Infeliz malnacido! ¡La madr...que te parió! - refunfuñó el viejo - ¡Ya! ¡Reza de una buena veeeeezzzzz! ¡Todos se están burlando de mí!

Pero nada.

Cuando terminó el servicio, Jacob le debía a sus amigos del "shil" y al rabino más de 5,000 dólares.
Estaba tan enojado que no habló ni una palabra en todo el camino a casa. Pero cuando llegaron, el loro empezó a cantar a todo pulmón:

- ¡Hevenu sholem aleihem, hevenu shoooleeeeem aleeeiiihem!

-¡Pájarraco infernal! - gritó el viejo Jacob encolerizado - ¡Me costaste más de 5,000 dólares! ¡¿Por que me haces esto?! ¡Siempre te traté bien! ¡Te compré un "tefilin" y te aprendiste todas las plegarias! ¡Te enseñé hebreo y la Toraá! ¡¿Por qué me hiciste esto?! ¡¿Por qué?!

- Sssssshhh...sssshhhh, tranquilo Jacooooob, tranquiloooo... - contestó suavemente y con una enorme sonrisa el plumífero - no seas "shmok" (imbécil), ¡Piensá en la fortuna que vamos a ganar en Yom Kipur!
.