^^ Risoterapia y absurdeces para la diaria liberación de endorfinas. Buen provecho ^^

El restaurante ese...

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Una pareja de ancianos fue a cenar a la casa de otra pareja de ancianos, y luego de haber cenado, las esposas dejaron el comedor y se fueron a la cocina.

Los dos hombres se pusieron a hablar y uno de ellos dijo:

- Anoche fuimos a un nuevo restaurante y la comida estaba deliciosa. Te lo recomiendo mucho.

- ¿Ah, sí? - responidió el otro viejo -, y ¿cómo se llama ese restaurante?

El primer hombre de avanzada edad pensó y pesó pero no lograba recordar, por lo que le preguntó al viejo frente a él:

- ¡Oh, carajo! ¿Cómo se llama esa flor que se la a las personas que quieres? ¿Esa que es roja y que tiene espinas?

- Ah, ¿rosa?

- ¡Exacto, esa!, gracias - contestó el hombre y entonces se giró en su asiento y gritó hacia la cocina:

- ¡Rosa!, ¿cómo se llama ese restaurante a donde fuimos anoche?
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El monasterio de los monjes mamones

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Un hombre iba manejando por un camino en las montañas y el carro se le descompuso justo a escasos metros de un monasterio. Se bajó y fue hacia el monasterio, tocó la puerta y dijo:

- Mi auto se averió, ¿podría pasar aquí la noche?

El monje le abrió la puerta y una vez dentro los demás monjes lo saludaron amablemente, le ofrecieron de comer y le dijeron que también repararían su automóvil. El hombre se mostró muy agradecido y no podía creer la suerte y la amabilidad de los monjes.

Luego de la cena, el tipo ya estaba en su habitación y mientras intentaba dormir, escuchó un extraño sonido; un sonido que jamás había escuchado en su vida.

A la mañana siguiente, le preguntó a los monjes que había sido ese sonido, pero le dijeron:

- No podemos decírtelo, porque no eres un monje.

El hombre se desilusionó pero les agradeció de todas maneras por la ayuda y la calidez del trato.

Algunos años después, el hombre mismo volvía a manejar por la misma carretera cuando su auto se volvió a averiar en las cercanías del mismo monasterio.

El hombre entonces fue al monasterio y los monjes lo alimentaron y repararon su auto.
Esa noche, escuchó nuevamente el mismo extraño sonido que había escuchado años atrás.
A la mañana siguiente, preguntó acerca del sonido pero los monjes, tal como había sucedido años antes, le dijeron:

- No podemos decírtelo, porque no eres un monje.

El hombre entonces dijo:

- Está bien, está bien. Me muero por saber que es ese sonido. Si el único modo de saberlo es volviéndome monje, entonces, ¿cómo le hago para volverme monje?

Uno de los monjes le contestó:

- Debes de viajar por el mundo, volver y decirnos cuantas hojas de hierba hay así como el numero exacto de granos de arena. Cuando conozcas estos números te convertirás en monje.

Entonces el hombre, con toda la convicción para lograrlo, sale del monasterio para cumplir con su propósito. 45 años después, vuelve de su travesía al monasterio y toca la puerta y dice:

- He viajado por el mundo y he dedicado mi vida entera a la misión que me exigieron y he aquí que el número exacto de hojas de hierba que hay en el mundo es de 145,236,284,232, mientras que el de granos de arena es de 231,281,219,999,129,382

- ¡Felicidades! - lo congratularon los monjes - ¡Estás en lo cierto! ¡La respuesta es correcta!

Ahora ya eres un monje. En este momento te llevaremos al lugar de donde proviene el sonido.

Los monjes guiaron al envejecido hombre hacia una puerta de madera donde el líder de los monjes dijo:

- El sonido está detrás de esa puerta

El hombre giró la perilla pero se percató de que estaba bajo llave. Y preguntó:

- ¿Me podrían dar la llave?

Los monjes le dieron la llave y abrió la puerta. Para su sorpresa, detrás de esa puerta había otra puerta de piedra. Entonces pidió la llave de la puerta de piedra y le dieron la llave.
Los monjes le dieron la llave y el abrió la puerta de piedra, sólo para encontrarse con que detrás había una puerta más de rubí. Una vez más pidió la llave a los monjes, quienes se la entregaron.

Abrió la puerta de rubí y detrás de ésta había una puerta hecha de zafiro.

Y así fue abriendo puerta tras puerta, esmeralda, plata, topacio, amatista y oro...

Finalmente el líder de los monjes le dijo:

- Esa es la ultima puerta...

El fatigado hombre se sintió alividado y un gran sentimiento de felicidad se apoderó de su cuerpo.

Sin poder contener su emoción, se dijo a sí mismo "¡Después de tantos años e incontables dificultades, sabré por fin cuál es la fuente de ese extraño sonido!"

Los monjes le dieron la llave y abrió la puerta...

El hombre se encuentró sin palabras, totalmente sorprendido. Realmente no podía describir la maravillosa e increíble visión:






 
... Pero no puedo decirte lo que era porque no eres un monje...
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El perro bizco

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Un hombre lleva a su perro al veterinario y le dice:

- Mi perro está bizco, ¿hay algo que pueda hacer por él?

- Bueno, habrá que verlo

Luego, el veterinario lo subió con algo de esfuerzo a la mesa para examinarlo, checó sus ojos, sus dientes y así. Y finalmente dijo con determinación:

- Habrá que sacrificarlo

- ¡¿Qué?! - exclamó alarmado el dueño del perro -, ¿sólo por qué está bizco?

- No - contestó el veterinario -, porque está bien pesado
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La rifa del burro muerto

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El judío Jacob se fue al campo y le compró un burro a un viejo campesino por 100 dólares.  El anciano acordó entregarle el animal al día siguiente.

Pero al día siguiente el campesino le dijo:

- Lo siento señor, pero tengo malas noticias: el burro se murió

- Está bien - dijo Jacob -, entonces devuélvame mi dinero

- No puedo. Ya me lo gasté - dijo el campesino.

- Está bien, entonces entrégueme el burro - dijo el judío

- ¿Y para qué? - preguntó confundido el viejo - ¿Qué vas a hacer con él?

 - Lo voy a rifar - contestó Jacob

- ¡¿Rifarlo?! ¡Estás loco! ¿Como vas a rifar un burro muerto?

- Pues no le voy a decir a nadie que está muerto, por supuesto.

Un mes después, el campesino se encontró nuevamente con Jacob, y le preguntó:

- Oye, ¿qué pasó con el burro?

- Ah, Lo rifé - contestó muy sonriente Jacob -. Vendí 500 boletos a 2 dólares cada una y gané 998 dólares.

- ¡¿Qué?! ¿Cómo es posible? - respondió de inmediato el asombrado campesino - ¿y nadie se quejó?

- Solamente el ganador - dijo el astuto Jacob - pero a él le devolví sus 2 dólares del boleto
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Petición inusual en pleno vuelo

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Durante un vuelo, el piloto se comunica por el altavoz con sus pasajeros:

- Damas y caballeros, les habla su capitán. Tengo una petición que hacerles: pasajeros del lado derecho, por favor, sean tan mables de sacar su mano derecha por la ventana.

Los pasajeros se quedan extrañados y el capitán prosigue:

- Pasajeros del lado izquierdo, hagan lo mismo con la mano izquierda.

- ¿?...

- ¿Ya lo hicieron? Bien, ¡Ahora, aleteen lo más fuerte que puedan porque esta mierda se está cayendo!
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